Lunes 14 de Octubre del 2019

“Anchumbil te abraza y te enamora”

La quebrada de Anchumbil es otra de las maravillas que tiene Villa Unión, a tan solo 8 km puedes ver una de las belleza que el tiempo, el agua y el viento van dando forma a las erosiones que hoy después de cientos o miles de años se transformaron para que nosotros la disfrutemos
Locales - 24 de Julio




El potencial turístico que tiene este lugar se encuentra muy cerca de la ciudad de Villa Unión, menos de media hora, en cualquier vehículo ya estas a la entrada de esta quebrada, puedes hacerlo en bicicletas, caballos, caminatas o como a ti te guste, el lugar es muy accesible y te espera para que lo disfrutes, cuidado, si te abraza te enamora, me paso!

Estas formaciones son del mismo periodo de Talamapaya y seguro estas son hermanitas, hoy compiten con el hermano mayor para ver quién de los dos es más bellos, puedo afirmar que los dos te cautivan hasta erizarte la piel ante tanta majestuosidad.

Para poder llegar y acceder a estas maravillas, te diriges a la dirección de turismo del municipio y ellos te dan un guía y con toda la capacidad y amabilidad que los caracterizan te van a hacer pasar un momento espectacular, son muy amables se ve que su experiencia con los turistas los cautiva y los pone en el potencial de sumar cada día mas adeptos a estos lugares.

Como riojano me supera la emoción de estar y recorrer estos lugares, a tal punto que puedo exagerar mis comentarios, pero dejo un texto de otros medios que visitaron este lugar y vean que dicen de Anchumbil.

 

 #Welcomeargentina

Anchumbil y sus pictografías

 Imponentes formaciones que el hombre no ha podido modificar; la naturaleza ha hecho el milagro y las seguirá transformando por siempre.

Sin alejarnos demasiado de Villa Unión, pudimos explorar el Cañón de Anchumbil, retrotraernos en el tiempo y maravillarnos con un paisaje diferente: un extraño conjunto rocoso que, además, alberga arte rupestre.

Junto a un guía local, Víctor Reinoso, salimos por un camino de tierra y luego de pasar varios vados de ríos secos o con poca agua, el color de la tierra iba tornándose rojizo intenso. La vegetación era casi nula.

Iniciamos la caminata sobre una zona arenosa de un color rosa fuerte, uniforme debido a la presencia de óxido de hierro en su constitución. Paramos unos minutos ante las primeras geoformas y luego nos dirigimos hacia la zona donde se encuentran las pictografías. Debajo de un alero y dispuestas en semicírculo, pudimos observar figuras que fueron descriptas por Víctor. Vimos una familia con sus animales, otras que representarían a sus chamanes, todas pintadas sobre la piedra con tinturas naturales. Nos pareció increíble que se hubieran preservado con el paso del tiempo. Según estudios, habrían sido realizadas por los diaguitas unos 900 años atrás.

La naturaleza ha hecho el milagroLa naturaleza ha hecho el milagro Un paisaje diferenteUn paisaje diferente Todas pintadas sobre la piedra con tinturas naturalesTodas pintadas sobre la piedra con tinturas naturales Realizadas por los diaguitasRealizadas por los diaguitas Una falla geológica Una falla geológica 280 millones de años de antigüedad280 millones de años de antigüedad La última proyección de ese conjunto rocosoLa última proyección de ese conjunto rocoso

La naturaleza ha hecho el milagroUn paisaje diferenteTodas pintadas sobre la piedra con tinturas naturalesRealizadas por los diaguitasUna falla geológica 280 millones de años de antigüedadLa última proyección de ese conjunto rocoso

A partir de allí, caminamos por un corredor con dos paredes laterales bastante altas, que nos dejaron con la boca abierta. Víctor comentó: "Vemos una falla geológica donde dos partes enfrentadas se ven separadas como en espejo por un proceso de divergencia. Este es el Sartén, un espacio semicircular y con agua dulce que cae y llega en forma continua del Famatina. Prueben su sabor agradable".

Nos contó entonces que los cantores suelen llegar hasta este sitio para hacer sus melodías acompañados por esa lluvia incesante que escuchamos. Existe un eco muy especial y "los changos vienen a chayar", sigue Víctor que, como todos los jóvenes del pueblo, disfruta de la música.

Las formaciones están ubicadas en capas o estratos y son del mismo período geológico que el Parque Nacional Talampaya y de la misma cuenca del Ischigualasto, con 280 millones de años de antigüedad.

Observándolas y escuchando el relato, se hizo imposible imaginar cuántas veces las placas tectónicas se movieron de su lugar, se derrumbaron y fueron erosionadas por vientos y lluvias.

Todavía nos esperaba otra maravilla de la naturaleza: el cañoncito de Anchumbil, al que se llega habitualmente en bicicleta o a caballo. Allí el suelo cambia metro a metro y la roca y la arena son de tonalidades amarillentas y rosadas. También se trata de un cañadón un poco más angosto y en las paredes laterales, con un poco de imaginación, se ven dibujos tipo filigrana o puntilla bordada en la misma roca. Fue allí donde vimos el Monjecito, una formación similar a la de Talampaya pero un poco más pequeña.

Cuando nos despedíamos de este paseo, miramos hacia atrás para llevarnos con nosotros la última proyección de ese conjunto rocoso que las luces de la tarde parecían enaltecer.

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