DataRioja

LA SEXUALIDAD DE ABEL

Escribe Martín Alanís*

Esto es lo que venía leyendo en la agenda de los medios a lo largo del día: “Macri en el CCK: ‘Tenemos que trazar una línea de austeridad para lo que viene’”, “Renunció la procuradora Alejandra Gils Carbó”, “Tras el escándalo con Kevin Spacey, Netflix confirma el final de House of Cards”. Y hubo, debajo de cada titular, una noticia. Y debajo de cada noticia, los comentarios de la gente: la opinión pública tomando partido por A o por B o por C; la huella que cada uno imprime –firmando con nombre y apellido o desde el anonimato- en los diferentes portales y redes sociales. Hasta aquí, un día común. Hasta aquí, un día cualquiera. Luego un titular de un medio riojano me asalta por sorpresa; el mismo dice –en letras mayúsculas y rojas-: “ABEL EN EL SUPERDOMO ¿POR QUÉ NO BLANQUEA SU SEXUALIDAD?”. Enojado, comparto la noticia bajo el mensaje, también en mayúsculas, como si estuviese gritando a mis amigos de mis redes sociales: «Esto es TODO LO QUE NO HAY QUE HACER EN PERIODISMO NI EN NINGÚN ÁMBITO DE LA VIDA, NI EN LA VIDA MISMA». Y luego pensé que así, dándole visibilidad a este tipo de opiniones -que lejos está de ser noticia: el show de Abel en el Superdomo de La Rioja-, caí en la trampa de aquellos que redactan muy sueltos de cuerpo un pedido público y obsceno a un artista –Abel Pintos: cantante y compositor argentino, 33 años, 21 Premios Gardel en su haber, entre otros galardones- que aclare su sexualidad, que “salga del clóset”, “como Ricky Martin”. Como si la sexualidad de las personas –seas Abel Pintos, fulano, mengano, el verdulero de la esquina, la maestra de 3° de tu hijo- fuese algo oscuro sobre lo que uno tiene que echar luz. Ya en el 2015, en una entrevista publicada por el medio argentino Clarín, el mismísimo Abel aclaró lo siguiente: “No soy homosexual. Alguien quiso crear una historia. No era cierto”. Y a partir de eso, siguió su carrera y su vida como siguen los caminos de quien declara –aunque no debería- lo que hace o deja de hacer en su vida íntima: los caminos que va trazando la propia vida.

Pero no es la sexualidad de Abel Pintos lo que me preocupa, sino la manera en que algunos medios publican lisa y llanamente un pedido en mayúsculas y letras rojas para que una persona “salga del clóset”. En cierto punto este tipo de situaciones me recuerdan a cuando yo iba a la secundaria y tenía un par de compañeros –la mayoría unos matones, bravucones que se escudaban en grupo y una fragilísima masculinidad- que en medio de los recreos me hostigaban por los pasillos del colegio preguntándome: “Eh, ¿vos sos puto? Eh, ¿vos te la comes? Eh, ¿fulano es tu novio? Eh, ¿es verdad que…?”. Ese tipo de preguntas todavía son moneda corriente en los colegios –públicos y privados- y son chiste fácil para los que creen que la sexualidad es una parte de la identidad que tiene que ser contada explícitamente a todo el mundo que necesita imperiosamente saber qué hace o deja uno de hacer en la cama. Lo curioso y anecdótico viene con los años: cuando los mismos compañeros –los matones, bravucones- querían “confesar” que “les gustaban los hombres”. A lo que yo les respondí que de haberlo sabido antes, las cosas hubiesen seguido igual. A lo mejor, podrían haber construido una amistad desde un lugar más auténtico y no tan a la ofensiva como ellos eligieron hacerlo.

Entonces yo me pregunto, al leer que un medio vuelve a poner sobre el panorama provincial este tipo de cuestionamientos innecesarios, cuántos chistes fáciles van a encontrar lugar y cuántos niños y niñas, cuántos adolescentes y cuántos adultos se van a escudar en eso para no poder vivir su sexualidad como corresponde. Me pregunto también hasta cuándo los medios van a seguir reproduciendo ese mensaje erróneo y dañino que alimenta la falsa masculinidad de unos y daña la autoestima de otros. Hasta cuándo. A lo mejor la preocupación por la sexualidad de Abel Pintos –el mismo que puede hacer emocionar a mujeres y hombres por igual cuando canta No me olvides, El beso, Quisiera, Sin principio ni final- no es más que el fiel reflejo de una crisis que está atravesando esa masculinidad construida a golpes sobre mesa: esto no se dice, de esto no se habla, esto no se toca. A mí poco me importa si Abel Pintos, si fulano, si mengano, el verdulero de la esquina o la maestra de 3° de tu hijo quiere hablar abiertamente sobre su sexualidad a fines de que dicha visibilidad anime a que algún pibe o piba pueda hacerlo también para que finalmente pueda crecer y construir su identidad: sin depender que un medio o un matón te exija la llave en público para entrar a tu vida privada. Es la única manera que encuentro sana y posible para vivir como se debería vivir siempre: ardiendo en libertad.

*Martín Alanís es licenciado en Comunicación Social (UNLaR) y forma parte de la redacción de DataRioja.

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