Semanario Digital - La Rioja, Miercoles 19 de Julio de 2017
Año 11 - Edición 542
Escribe: Martín Alanís

Cualquier cosa

Cuando era chico pensé que, de grande, podría haber sido cualquier cosa.

Pude haber sido cualquier cosa. Cuando era chico me gustaban tanto los animales que pensé que al crecer, iba a convertirme indefectiblemente en veterinario. Pero como le tengo una fobia terrible a las palomas –algo con lo que aún lidio aquí en Buenos Aires- y un inevitable asco a los pobres e indefensos sapos, desistí temprano de mi sueño de lucir un ambo y dedicarme a curar animales. A los diez años, el vestuario de Cruella de Vil en «102 Dálmatas» me obsesionó a tal punto de comprar un cuaderno para dibujar incontables variantes en blanco y negro, con estampados y pieles que Glenn Close podría haber lucido tranquilamente en una tercera parte de esta saga de Disney. Pero el cuaderno se llenó de tierra, y solo quedaron los bocetos escondidos entre un montón de páginas, perdidos en alguna biblioteca de mi casa. En la secundaria me enamoré de la biología, entonces pensé que ése era el camino que tenía que seguir. Me podría haber dedicado de lleno a la genética o a la biología evolutiva. Estudiar a Darwin, Lamarck y Mendel me apasionaba. Pero a decir verdad, siempre fui muy malo en matemáticas, física y química; así que tuve que privar a las ciencias naturales de mi presencia en los laboratorios, y de mi participación en futuras investigaciones que involucren dichas disciplinas. Después de leer «La ciudad de las bestias» de Isabel Allende, quise convertirme en periodista de National Geographic y salir a comerme el mundo, conocer lugares inhóspitos y poder narrar posibles encuentros con bestias mitológicas. Pero a los 12 años tuve que reconocer que no tenía las mismas agallas que tenía la estrafalaria reportera Kate Cold para aventurarme en el Amazonas o en las montañas del Himalaya. Era —o mejor dicho, sigo siendo— un cobarde. También renuncié al dibujo, y a la pintura sobre tela, aunque de vez en cuando se me escapa un boceto de un vestido en mi agenda laboral, queriendo imitar el diseño de corte sirena de Jean Paul Gaultier que supo lucir Marion Cotillard cuando ganó el Oscar en el año 2008. Sí, ahora que lo pienso, pude haber sido cualquier cosa. No obstante, me fui convirtiendo en una persona que repasa las profesiones que nunca tuvo y que a lo mejor nunca tendrá, pero que igualmente se desquita escribiendo sobre ellas. Soy comunicador, y en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, me arrepiento de serlo. 

 

*Licenciado en Comunicación Social

​http://twitter.com/CMartinAlanis

Redacción DataRioja

15/03/2017

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