Semanario Digital - La Rioja, Miercoles 26 de Abril de 2017
Año 11 - Edición 530
Escribe: Martín Alanís*

Todos

Están los que llevan apenas una mochila y los que se llevan hasta las toallas del hotel.

En la terminal están todos: los que esperan, los que se van y los que vuelven. Los perdidos, los apurados, los impacientes. Los que leen, los que escuchan música, los que están hipnotizados por su celular. Los que viajan juntos, los que viajan solos. Los que viajan juntos pero solos. Los de aquí y los de allá, los que no saben hacia dónde ir. Los que piden, los que niegan, los que preguntan. Los que consultan una y otra vez en sus pasajes el horario de partida y la plataforma. Los que hablan, los que callan, los que putean, los que rezan. Los que no entienden el idioma, los indiferentes, los que están dispuesto a ayudar. Los que lloran, los que abrazan, los que se despiden con un hasta luego o un nos vemos pronto, los que dicen adiós solo por cordialidad. Los niños, los ancianos, los perros vagabundos. Los policías, los quiosqueros, el ladrón. Los estudiantes, los profesionales, los jubilados. Los que resoplan cansados, los que te miran dos veces, los que pasan de largo. Los que llevan apenas una mochila, los que se llevan hasta las toallas del hotel. Los turistas, los locales, los que se escapan. Los que gritan. Los que perdieron el micro, los que se subieron al primero que encontraron. Los enfermos, los rotos, los ilusionados. Los ricos, los pobres, los que no se reconocen en ninguna clase social. Sí, en la terminal están todos. Y a la vez, no hay nadie. Nadie como vos. Nadie capaz de salvarme.

 

Redacción DataRioja - 19/04/2017

Martín Alanís, licenciado en Comunicación Social (UNLaR). 

Twitter: ​@CMartinAlanis​

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